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lunes, 5 de julio de 2010

Los Salias es esclavo de las drogas

Uno de los precios que han tenido que pagar los sanantoñeros por vivir en las periferias de la capital y contar con una población de clase media alta, en su mayoría, ha sido lidiar con el desmedido consumo de drogas por parte de los jóvenes

Por Grecia Toukoumidis

Las drogas son una realidad contra la que lucha Venezuela. Sin embargo, para el municipio Los Salias se han convertido en un problema muy difícil de atacar, al punto que hoy en día se ubica entre sus tres principales talones de Aquiles. Los adolescentes son los protagonistas de esta historia. Pero las causas del problema son, primordialmente, el poder adquisitivo de la mayoría de las familias que residen en los Altos Mirandinos y el ocio que se genera producto de las pocas actividades de entretenimiento, que esta ciudad dormitorio ofrece a sus habitantes.

A pesar de que tanto el ciudadano de a pie como las autoridades están conscientes de la envergadura del problema, poco se ha hecho por establecer políticas y acciones que lo minimicen. Según Víctor Pérez, presidente del Consejo de Derecho de Niñas, Niños y Adolescentes del municipio Los Salias, no existen cifras ni estadísticas que corroboren la gravedad del asunto en la entidad. Sin embargo, afirma que el gobierno municipal sí considera el consumo de drogas como una de las principales debilidades de San Antonio de los Altos.

Principales causas

El municipio Los Salias tiene 95.637 habitantes, de acuerdo al portal web de la Alcaldía. De esta población total, 9% tiene ingresos bajos, 33% ingresos medio bajos y el resto cuenta con una entrada de dinero que puede considerarse alta, según datos de la Dirección de Planificación Urbana de la Alcaldía de Los Salias. Esto se traduce en que el sanantoñero se caracteriza por tener una calidad de vida aceptable y un alto poder adquisitivo, ¿pero esto se ha convertido en un arma de doble filo para el municipio?

San Antonio de los Altos es una ciudad que se encuentra a 15 kilómetros de Caracas y que es conocida por su clima fresco y de montaña. Además, la calidad de vida y la tranquilidad que respiran sus habitantes, la han hecho el lugar ideal para escapar del caos capitalino y una ciudad dormitorio, pues conforme a cifras de la Dirección de Planificación Urbana de la Alcaldía de Los Salias, el 55% de la población activa trabaja en Caracas. Esta condición de urbe satélite aunada al poder adquisitivo de sus habitantes, ha creado un ambiente propicio para que los vicios se apoderen de los más débiles.

Los Salias, ¿un municipio aburrido?

No existen muchas opciones a la hora de despejar la mente y divertirse en San Antonio de los Altos. Sin embargo, los adolescentes son los principales afectados, pues la distancia entre Caracas y Los Salias se convierte en una barrera para quienes no tienen un vehículo propio para desplazarse. Según Andreína Pérez, detective de la Policía Comunal del municipio, los padres que trabajan en la capital descuidan a los muchachos y existe una carencia de valores que los está impulsando a desahogarse en las drogas.

De acuerdo con Víctor Pérez, presidente del Consejo de Derecho de Niñas, Niños y Adolescentes de Los Salias, es importante destacar que no sólo se consideran drogas las sustancias ilícitas. También entran bajo esta denominación el alcohol y el tabaco, como drogas lícitas. En este sentido, el presidente del consejo explica que los adultos permiten el consumo de este tipo de drogas esto y lo toman “light”. Además, asegura que conoce casos de niños de 12 años que consumen alcohol en fiestas y en otras circunstancias, para distraerse y ocupar el tiempo.

En los zapatos de un protagonista

Jessica Álvarez* tiene 21 años, reside en San Antonio de los Altos y consume drogas. A pesar de tener una formación integral de valores y educación, considera que esto no representa un problema y no se siente adicta: “Consumo marihuana una vez al mes aproximadamente o cada vez que salga la oportunidad. No es algo que necesite en un ciclo determinado o regularmente, porque no es adictivo. Tú puedes vivir sin fumar. El problema está cuando siempre quieres estar bajo los efectos, pero muy pocas personas son así”.

Álvarez vive en una urbanización de clase media y estudia en una universidad privada en Caracas. Sus padres trabajan para darle todo lo que necesita, ¿pero cuál es la verdadera razón por la cual consume drogas? “Sinceramente lo hago porque me gusta y me relaja. Uno comienza por curiosidad y porque quiere. En realidad no existe eso de que te presionan. El fumar marihuana es una decisión completamente tuya. Sin embargo, si te desarrollas en un ambiente en donde todos lo hacen es otra cosa, porque más bien hace propicia la ocasión para satisfacer la curiosidad”, afirma.

Como Álvarez, los jóvenes residentes en Los Salias son propensos a caer en una situación similar y a desconocer las causas reales de sus acciones. Pero existen programas en el municipio que luchan para que no se repitan estos casos.

Solución: campañas preventivas

Tanto el Instituto Autónomo de Policía de Los Salias (Polisalias) como la organización sin fines de lucro Vivir, trabajan por informar a los niños y adolescentes del municipio, sobre las consecuencias que puede traer el consumo de drogas. En el caso de Polisalias, la comisario Fidelina Ramírez cuenta que existen campañas preventivas que se dictan en las instituciones educativas de San Antonio en primaria y secundaria; sin embargo, reconoce que el déficit de funcionarios en el cuerpo policial es una realidad que atenta contra la efectividad de esta labor.

Por su parte, la organización Vivir cuenta con un programa llamado Panas (Prevención audiovisual para niños, niñas y adolescentes en el marco social), que se ha implementado en veintiún liceos públicos y privados de la entidad desde el año 2008. El informe de la iniciativa hecho en 2009, arroja que los adolescentes consumen, principalmente, drogas lícitas (alcohol y cigarrillos). Sin embargo, el 8% de los encuestados para el estudio, afirmó presentar adicción a sustancias ilícitas.

Resulta importante destacar que alrededor del 30% de los entrevistados manifestó sentirse ajeno a este tema y tener muy poca información sobre las drogas. Por tratarse de una porción representativa de la muestra, podría considerarse como una causa el hecho de que los jóvenes desconozcan el tema y sus consecuencias.

Carmen Monroe, coordinadora de proyectos de Vivir, considera que en el municipio existe una ruptura del núcleo familiar tanto por la condición de ciudad dormitorio, como por el descuido injustificado de padres y madres, que abandonan a sus hijos. Además, ratifica que el poder adquisitivo del sanantoñero es un factor determinante en el consumo de drogas y que diferencia al municipio de otras regiones. “En Los Salias existe un problema indiscutible con las drogas y los adolescentes. Sí se puede atribuir al poder económico de las familias que residen en el municipio, pero esto no determina un mayor consumo en determinados sectores. Lo que diferenciaría el manejo de estas sustancias entre alumnos de colegios públicos y privados, por ejemplo, sería la calidad de lo que consumen”, explicó.

¿Una enfermedad incurable?

A principios de 2009, el alcalde Ovidio Lozada asumió el mandato en Los Salias, luego de que Juan Fernández gobernara el municipio durante tres periodos consecutivos. Sin embargo, no se han manifestado cambios contundentes con respecto al tema de las drogas en la nueva gestión. En marzo de 2010 se inauguró un complejo polideportivo que comenzó a construirse en el mandato de Fernández. Este recinto ofrece a los jóvenes la posibilidad de ocupar su tiempo libre realizando actividades culturales y deportivas, y es una de las únicas iniciativas físicas, que podrían considerarse como una acción para erradicar el consumo de sustancias nocivas para la salud, como consecuencia del ocio. Víctor Pérez, presidente del Consejo de Derecho de Niñas, Niños y Adolescentes de Los Salias y Andreína Pérez, detective de la Policía Comunal del municipio, coinciden en este punto.

La Oficina Nacional Antidrogas (ONA) en su informe sobre incautaciones de drogas en el territorio nacional según entidad federal (2008) establece que el estado Miranda se encuentra en el décimo lugar. Considerando que el municipio Los Salias está ubicado en este estado, es un dato importante. Sin embargo, Polisalias no tiene cifras precisas sobre estos reportes, pues aseguran que cuando proceden contra estos delitos, deben pasar directamente a fiscalía. Esto representa un inconveniente a la hora de atacar efectivamente la problemática y Víctor Pérez reconoció que no se pueden aplicar políticas que resulten asertivas si no se conocen los hechos con exactitud.

Entre tanto, la comunidad de los Altos Mirandinos no está ausente ni desentendida. Una encuesta en el portal web de la Alcaldía de Los Salias demuestra que los sanantoñeros reconocen el problema de las drogas como el tercero más importante en el municipio, con el 15,2% de la totalidad de las respuestas (172 votos). Hasta la fecha han participado 1.130 personas, desde el 24 de agosto del 2009.

Tanto el poder adquisitivo, como el ocio resultan factores determinantes en el consumo de drogas por parte de adolescentes en San Antonio de los Altos y a pesar de que existan campañas preventivas, no es suficiente. El gobierno debe actuar para combatir esta plaga que invade a la sociedad, porque, además de causar daños individuales, es la raíz de otros problemas como la violencia y la delincuencia. La falta de datos sobre el tema evidencia la apatía de las autoridades para tomar cartas en el asunto y ofrecer salidas eficaces que proporcionen mejoras en la comunidad.

*El nombre de la persona fue alterado para resguardar su intimidad y respetar su petición







martes, 25 de mayo de 2010

Acceder a la información: un desafío para los invidentes caraqueños

Por Grecia Toukoumidis

Ser ciego es toda una odisea en Venezuela. A pesar de que en 2007 se promulgó la Ley para Personas con Discapacidad, el cambio no se manifiesta cotidianamente. Las iniciativas que se han materializado hasta ahora, no cuentan con el apoyo mancomunado de las instituciones gubernamentales, que generen las condiciones adecuadas para su funcionamiento

Maryorie Ledezma de 28 años de edad, pertenece al 1% de la población venezolana que, de acuerdo a cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), es invidente. Ledezma se encuentra culminando sus estudios de Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello; sin embargo, llegar a este punto ha sido todo un reto. Las lecturas asignadas a lo largo de su carrera hicieron que la estudiante se movilizara para convertirlas a código braille, un servicio que se ofrece en muy pocos lugares de Caracas y que representa una considerable inversión de tiempo.

Biblioteca Nacional de Venezuela
El sociólogo Ernesto Araujo presentó en 2007 un proyecto que consistía en consolidar un servicio para invidentes en la Biblioteca Nacional de Venezuela. El 31 de julio de 2009, luego de constantes esfuerzos y con el apoyo económico de Pdvsa y Cantv, la institución inauguró la Sala para Personas con Discapacidad Visual. Hoy en día es una realidad que los invidentes puedan acceder a la información como cualquier persona, pero no todos están al tanto de esto. Además, no parece ser tan fácil como se ve: llegar hasta la Biblioteca Nacional es complicado para quienes cuentan con los cinco sentidos; más aún para los que tienen alguna imposibilidad.

Juan Laya, presidente de la Asociación Nacional de Ciegos de Venezuela (Ancivi), considera que la inaccesibilidad no tiene que ver con la distancia. “No se puede crear un servicio sin pensarlo. Si se quiere hacer algo por las personas que están en silla de ruedas, no se debe establecer en el quinto piso de un edificio sin ascensor y con puertas angostas”, agrega, para hacer una analogía con la hazaña que significa el ingreso a la biblioteca por parte de los invidentes. Además, advierte que esto representa la principal limitación a la hora de hacer uso de la sala.


La estación del Metro más cercana a la Biblioteca Nacional es Capitolio. Teniendo en cuenta que la sede se encuentra en la parroquia Altagracia al final de la avenida Panteón, faltarían recorrer aproximadamente cinco cuadras entre la congestión habitual del centro de la Caracas. Si se acude a la biblioteca en carro, el panorama no varía mucho, pues resulta muy difícil conseguir un estacionamiento seguro y cercano donde dejar el vehículo.

En La Hoyada se encuentra un Infocentro del Ministerio del Poder Popular para la Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias, que también ofrece servicios para personas con discapacidad. Ledezma afirma que el acceso a este lugar es mucho más fácil que a la biblioteca; tanto así que ella ni ha tenido la oportunidad de conocer la sala recientemente inaugurada de la institución nacional, por lo que desconocía que se prestan asistencias como la impresión en braille: una de las solicitudes más engorrosas, que las personas ciegas canalizan impacientemente cuando necesitan disponer de alguna información por escrito.

El espacio destinado para las personas con discapacidad visual en la Sala Contemporánea de la Biblioteca Nacional, está constituido por 16 computadoras, un par de mesas, una impresora braille y dos escáners, que tienen como función digitalizar los textos para su posterior uso, a través del lector de pantalla Orca: un programa para Linux -software libre- que, mediante la reproducción de textos en voz alta, permite al usuario navegar por Internet, realizar cálculos o elaborar textos. Sin embargo, Laya considera que Orca representa una barrera más para trabajar en la Biblioteca Nacional, pues, hasta los momentos, Windows sigue operando en la mayoría de los equipos de computación. “Los cursos de capacitación de la sala se orientan al uso de este programa y resulta paradójico que, en lugar de ofrecer un servicio más integral, que beneficie a los usuarios dentro y fuera de las instalaciones, se restrinja la extensión de sus posibilidades a un software”, afirma.

Helena Rojas, coordinadora de la Unidad de Apoyo para la Discapacidad de la Universidad Monte Ávila, difiere de Laya en este sentido. “A pesar de que en la universidad se trabaja con Jaws –sintetizador de voz para Windows-, la gente no debe casarse con un solo software. Si existe la posibilidad de manejar todos los programas, se tenga alguna discapacidad o no, la competitividad a nivel laboral será mayor”, afirma.

Más opciones; menos visitas

En lo que va de año, sólo 30 personas han asistido a la Sala para Personas con Discapacidad Visual, en contraposición con los 8.504 usuarios que han acudido a la Biblioteca Nacional, según estadísticas internas de la dirección de servicios del recinto. En Venezuela es incierto el número de invidentes, pues el último censo realizado fue en 2001 y, de acuerdo con Ancivi las cifras no son confiables. Sin embargo, se calcula que para el mismo año del censo había una población de alrededor de 3,2 millones de individuos que padecía de alguna discapacidad, según la OMS. Mientras que el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), sólo contabilizó a la mitad: 1,8 millones de personas.

Rebeca Cuenca, jefa de división de la Sala Contemporánea de la Biblioteca Nacional, asegura que el servicio para personas con discapacidad visual ya cuenta con aproximadamente 15.600 materiales digitalizados, como libros, revistas y películas, que están listos para su lectura a través de Orca. Adriana Rodríguez, invidente de 27 años de edad, licenciada en Letras y empleada de la sala, explica que el usuario puede solicitar la digitalización de un texto si éste no se encuentra en la base de datos preparada. No obstante, todas estas alternativas que pone a disposición la biblioteca, no han sido suficientes para posicionar el servicio como puente de acceso a la información para los que más la necesitan.

La impresora de código braille más importante del país se encuentra en el Ministerio del Poder Popular para la Educación, pero actualmente está dañada. La demanda de impresiones en este código ha tenido que ser distribuida entre los pocos aparatos con los que se cuenta en Caracas; sin embargo, esto no ha representado un gran problema para la biblioteca. “Ofrecemos un servicio gratuito. La persona sólo tiene que colaborar con el papel, calculando cuatro hojas en braille por cada hoja en tinta”, dice Johnny Chirinos coordinador de la Sala para Personas con Discapacidad Visual, quien se muestra poco preocupado por la baja receptividad que ha tenido el salón desde sus inicios, pero reconoce, sin dudar, que el difícil acceso a la institución nacional es la principal causa de esto.

¿Leyes sin efectos?


La Ley para las Personas con Discapacidad se promulgó el 5 de enero de 2007 y establece en su Artículo 35: “Los órganos y entes de la administración pública nacional, estadal y municipal, y todas las personas naturales y jurídicas de derecho privado, están obligados a garantizar el pleno acceso, brindar atención preferencial y crear mecanismos adecuados y efectivos para facilitar información, trámites y demás servicios que prestan a las personas con discapacidad”. A pesar de que la iniciativa de la biblioteca responde a esta ordenanza, no ha generado un impacto contundente en términos de acceso a la información. Virginia Betancourt, ex directora de la Biblioteca Nacional, afirma que es un proyecto con el que está de acuerdo, pero resalta que nunca es suficiente. Además, agrega que las instituciones no deben limitarse a brindar un servicio, sino a reforzarlo constantemente para mejorarlo.

Es un hecho que la sala para invidentes que inauguró la Biblioteca Nacional persigue la inclusión social y la igualdad de posibilidades para todos. Sin embargo, los intentos de promoción del salón han sido en vano, pues la vialidad y la poca infraestructura que Caracas ofrece a las personas con discapacidad, impiden que el proyecto se consolide. Esta iniciativa que se llevó a cabo en el marco de la ley, resulta aislada de la realidad social, porque no se trata de ejercutarla de manera individual, sino como un país. El trabajo en equipo podría ser la fórmula para lograr que los pocos servicios que brindan oportunidades a los que más los necesitan, resulten verdaderamente favorecedores, pues de acuerdo con cifras del INE para el 2001, en la capital sólo 528 personas invidentes superaron los obstáculos para obtener una formación universitaria.


lunes, 19 de abril de 2010

El Blackberry: tecnología que define a la sociedad




Los ejecutivos lo usan como una oficina móvil, los niños y adolescentes como un artefacto de entretenimiento y los amantes de la tecnología tratan de explotar sus funciones al máximo. Pero en Venezuela, más que de un aparato se trata de prestigio y de estatus
Por Grecia Toukoumidis

Insertarse en la sociedad: un reto que se vuelve más firme con el desarrollo de las tecnologías. La moda, el reconocimiento social o una necesidad insaciable de comunicación han dado paso a que, dispositivos tan versátiles como el Blackberry, penetren en los hogares venezolanos sin discriminar clase social o edad.

A pesar de ser un aparato diseñado para el mundo corporativo –uso que se le da en la mayoría de los países en los que se venden Blackberries- en Venezuela ocurre un fenómeno que, según el sociólogo Héctor Hurtado, ha convertido a los teléfonos celulares inteligentes en una obsesión.


El informe de la Fundación Telefónica “Generaciones Interactivas en Iberoamérica”, realizado tras la consulta a 25.467 escolares de países como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Venezuela, entre octubre de 2007 y junio de 2008, determinó que los dos últimos países presentan los mayores índices de posesión precoz de teléfonos celulares. El 67% de los adolescentes venezolanos declaró haber tenido su primer celular entre los 9 y los 12 años de edad.


Estos antecedentes sirven como base para explicar por qué el venezolano ha convertido la tenencia y uso de los Blackberries en una necesidad. Pero, ¿es un mal interno o la región latinoamericana también comulga con esto? La empresa especializada en investigaciones en línea, Tendencias Digitales, en su reporte Internet Móvil 2009, afirma que el 92% de los latinos tiene un teléfono celular, lo que significa que este sector se posiciona como un medio de comunicación de altísima penetración.


En Venezuela se venden alrededor de 300 mil Blackberries trimestralmente –cifra extraoficial, pues RIM, empresa que distribuye estos aparatos en el país, no provee datos de este tipo-. Lo que sí es seguro, según Telefónica Movistar, es que Venezuela compra el 70% de los dispositivos que se venden en Latinoamérica, tomando en cuenta que la población de países como Brasil o México es, aproximadamente, 5 veces mayor. Entonces, ¿qué es lo que motiva al venezolano a comprar un Blackberry?


“Aquí la gente está pendiente de lo que tienes o no tienes. Todos mis amigos y hasta mi papá tienen un Blackberry. Lo compré con mi sueldo y lo hice porque está de moda, aunque sé que la gente que tiene negocios, es la que utiliza todas las funciones de este celular”, afirma José Alberto Solórzano, de 24 años de edad, residente del Bloque 45 de la Parroquia 23 de enero, en la ciudad de Caracas y empleado del Ministerio del Poder Popular para la Economía y Finanzas. Su sueldo es de aproximadamente 2.000 bolívares fuertes al mes y tomó la decisión de adquirir un equipo celular de segunda mano, marca Blackberry, por un precio de 1.500 bolívares fuertes.


Blackberry como símbolo de estatus




El semiólogo Humberto Valdivieso asegura que existen diferentes tipos de estatus a los que se puede asociar este teléfono. “Como símbolo social representa que se tiene el dinero para adquirir un aparato tan costoso y, esto, incluye en determinado sector a quien lo tiene. Pero, como símbolo tecnológico puede significar que se está en lo ‘último’ de la tecnología o que se es inteligente”. El experto agrega que existe, también, un componente de “estatus juvenil”, asociado a las personas mayores que quieren demostrar que son capaces de manejar dispositivos de este tipo.


Según Valdivieso, en Venezuela existen, básicamente, tres símbolos de estatus que se pueden observar día a día: el carro, el celular y los perros. El semiólogo destaca los automóviles como uno de los fundamentales. Además, explica que la ropa podría entrar en esta categoría, pero que al venezolano común, por cuestión de cultura, le gusta vestirse y verse bien. Los perros se han convertido en clara señal de estatus, porque definen y transmiten la personalidad de la gente. “Quienes tiene un Pitbull, por ejemplo, pueden creer que la sociedad los definirá como más agresivos o, en cierto modo, reconocerán su poder adquisitivo”, agregó.


La psicóloga social, Mercedes Pulido, considera al Blackberry como un símbolo de estatus y de prestigio social. La modernización, la comunicación y la versatilidad como principales atributos, logran que la sociedad vea, muchas veces, la respuesta a sus necesidades en este aparato. Asimismo, la incertidumbre que se siente en cuanto al control de la información y la moda tecnológica, se convierten en componentes fundamentales que, según Pulido, permiten afirmar que el celular es un elemento funcional para los sectores populares.


La posibilidad económica de adquirir un Blackberry es una de las principales barreras que existe a la hora de incursionar en este mundo tecnológico. El sociólogo Héctor Hurtado, explica que este aparato sí podría acentuar las diferencias sociales. “En términos de acceso al Blackberry, no todos pueden gastar tanto dinero en un celular. Pero, en vista de que su posesión otorga tanto prestigio, hay gente que hace lo imposible por adquirirlo”. Según el sociólogo, la influencia de los medios de comunicación es determinante: “Venden modelos de sociedades y el uso de la tecnología se promociona constantemente”.


El psicólogo social, Ángel Oropeza, atribuye a la publicidad del Blackberry gran parte de la responsabilidad de que este dispositivo, se asocie con estatus en un país como Venezuela. “Se dejan de lado los atributos obvios del teléfono en términos de comunicación y se destacan características que lo convierten en algo más que un celular. Además, su precio lo asocia directamente con estatus”. El psicólogo hace una analogía con lo que significaron los zapatos deportivos en Venezuela hace algunos años: “Ayer se mataba a la gente por zapatos; hoy se mata por Blackberries”.


¿Estatus o convivencia familiar?


En una entrevista publicada por el diario El Mundo Economía y Negocios a Carlos Jiménez, socio y director de Tendencias Digitales, se afirma que en Venezuela “El porcentaje del presupuesto familiar que se destina a gasto de telecomunicaciones supera el 12%”. Esto se traduce en que en los hogares venezolanos se le da más importancia a las inversiones en telecomunicaciones que al transporte, educación o vestido. Pero, ¿qué consecuencias puede traer esto a la familia como núcleo de la sociedad?


El terapeuta familiar y director de Cecodap, organización orientada a defender los derechos de los niños y adolescentes, Oscar Misle, afirma que en familias en las que los miembros tienen un Blackberry las relaciones interpersonales se pueden ver afectadas. “Se sustituyen otras formas de vincularse; además, los intereses cambian y el celular pasa a ser un intermediario entre seres que están muy cerca diariamente. Se sustituye el cara a cara”.


Sin embargo, el informe publicado por la Fundación Telefónica en el año 2008, revela que Venezuela es el país en el que los niños más utilizan el celular para comunicarse con sus padres.


Según estadísticas publicadas por la revista Publicidad y Mercadeo, el manejo que se le da al Blackberry es mayor en Caracas que en el resto del país, con una diferencia de aproximadamente 10% en el uso de las principales funciones del aparato, como el chat o los mensajes de voz. Independientemente de para qué se utilice el dispositivo, según los expertos, se trata de un tema de moda y de aspiraciones que los venezolanos no quieren dejar pasar. Además, la importancia que se le ha dado como extensión de las posibilidades sociales y tecnológicas ha creado un apego y una dependencia al aparato, que los especialistas consideran una obsesión.